Gaseosas, ‘snacks’ y ultraprocesados se parecen más a cigarrillos

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Que a comida: estudio.


Un reciente estudio exige una respuesta de salud pública de alto nivel ante la forma en que la «ingeniería industrial alimenta la epidemia de enfermedades prevenibles».

Los alimentos ultraprocesados deberían regularse de forma similar a los cigarrillos, según un nuevo análisis realizado por expertos de universidades como Stanford y Harvard y publicado en la revista Milbank Quarterly. El trabajo sostiene que estos productos cumplen muchos de los criterios que llevaron a los gobiernos a endurecer las normas sobre el tabaco.

Los autores, especialistas en salud pública y nutrición, argumentan que los ultraprocesados —bebidas azucaradas, ‘snacks’, comida rápida y productos listos para consumir muy formulados— no solo se asocian con obesidad, diabetes y enfermedades cardiovasculares, sino que también muestran patrones de consumo compulsivo y dependencia comparables a los observados con el tabaco. Señalan que su diseño, publicidad y disponibilidad están orientados a maximizar el consumo, no la salud.

La fuerza de voluntad no es suficiente

Al igual que con los cigarrillos, los investigadores destacan el papel de unas «industrias poderosas» que han bloqueado o diluido intentos de regulación estricta. El artículo propone usar el mismo marco que se aplicó al tabaco: restricciones agresivas de publicidad, advertencias de salud claras en los envases, limitación de la venta en entornos sensibles (escuelas, hospitales) y políticas fiscales que encarezcan los productos más dañinos.

El trabajo también cuestiona la narrativa de la «responsabilidad individual», subrayando que, como ocurrió con el tabaco, poner el foco solo en las decisiones personales ignora un entorno alimentario saturado de productos baratos y fuertemente publicitados. Los autores sostienen que, sin cambios estructurales —desde el etiquetado hasta la fiscalidad y la reformulación obligatoria—, pedir moderación al consumidor no es suficiente.

Aunque reconocen que no todos los ultraprocesados son iguales ni deben prohibirse, los expertos concluyen que la evidencia actual justifica una respuesta de salud pública de alto nivel, comparable a la que se desplegó contra el tabaco en las últimas décadas. Tratar los ultraprocesados como una categoría de riesgo elevado —con políticas coordinadas a escala nacional e internacional— sería, a su juicio, clave para frenar la «epidemia» de enfermedades ligadas a la mala alimentación.

RT.

Staff de Notiissa.mx

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