La Segunda Oportunidad

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A muchos de nosotros en algún momento nos ha dado la vida, la mala suerte, un malestar, una enfermedad repentina o las circunstancias: la llamada segunda oportunidad; ese trance nos hace reflexionar en la fragilidad de la existencia y en que ésta puede terminar en cualquier momento.

Hay quienes sí aprovechan estas “sacudidas” para hacer un alto en el camino y repensar sus metas, sus deseos y planes; recomenzar y enmendar aquello que no nos deja avanzar porque se convierte en una carga que debemos soltar y que en muchas ocasiones venimos arrastrando desde hace muchos años.

La idea de esta reflexión no es entrar en detalles sobre concepciones religiosas, aunque la mayoría de las personas creemos en un Dios, un ser superior, un creador que –como el titiritero- mueve los hilos de cada una de sus creaturas a su antojo y voluntad, y es quien tiene la última palabra.

Sin embargo esta entidad es la que también nos da esa segunda oportunidad para hacernos reconsiderar el camino, emprender eso que estamos posponiendo como si tuviéramos todo el tiempo del mundo, buscar a aquel amigo que hace años nos invitó un café para platicar, llamar al familiar que sólo vemos en fiestas familiares o funerales, o simplemente cumplirnos determinado antojo.

Posponemos planes para “cuando tengamos tiempo”, cuando es lo menos seguro que tenemos; estrenar aquel regalo que me hice en una ocasión especial, cuando HOY es esa ocasión especial porque mañana no tenemos la certeza de estar aquí.

El mismo gobernador César Duarte  confesó  luego de un accidente aéreo, que tuvo temor y que Dios le había dado la segunda oportunidad.

Estas palabras dieron a los chihuahuenses la esperanza de ver mejorar las cosas, de corregir los errores, ajustar los programas y acciones y, por qué no, hacer enroques para obtener mejores resultados en todos los ámbitos con las personas idóneas al frente de las dependencias, para tomar las óptimas decisiones.

La moneda está en el aire, ya habrá tiempo: al menos lo que resta de éste año y la mitad del próximo para saber si en verdad el estar cerca de la muerte y recibir una segunda oportunidad fue una semilla que cayó en tierra fértil o sólo fue una expresión del momento.

La paradójica naturaleza humana reflexiona en ese momento cuando recibe una segunda oportunidad para hacer y ser mejor, quiere efectuar un cambio de raíz en ese momento, pero a medida que pasan los días o las semanas, olvida ese alto en el camino de su vida, como si nada hubiera pasado, como si fuera merecedor de ese nuevo “chance”.

Tal vez muchos hayamos recibido esa segunda oportunidad, pero sólo la escasa minoría ha tenido el valor suficiente para recomenzar, para enmendar, para vivir y esforzarse por ser mejor; esos -los menos- son lo que en verdad tienen una misión que cumplir en esta vida y por eso aún están aquí pese a las vicisitudes, obstáculos, accidentes, o como quieran llamarle.

Esos menos son los realmente merecedores de esa segunda oportunidad, porque han sabido valorar la vida, mientras que los demás tal vez reciban una tercera o cuarta “chanza” sin reflexionar, pensando en que la vida les pertenece y tendrán todo el tiempo del mundo para llevar a cabo sus planes y proyectos, ignorando que serán llamados cuando menos lo esperen y ya no habrá más oportunidades.

La moraleja –si se le puede llamar así- aunque parezcan frases hechas y trilladas: vivir como si fuera el último día, no desaprovechar esos momentos sencillos y espontáneos con los que se va tejiendo la felicidad; buscar trascender y dejar ejemplo a seguir –en este caso si se está en la toma de decisiones, pensando que el mañana no lo tenemos seguro, solamente el hoy.

Staff de Notiissa.mx

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