‘Tiempo sin pulso’, una película sobre la culpa y la forma en que asumimos la violencia

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Por Héctor González.

¿Hay relación entre la asexualidad de un joven con el entorno de violencia que vive el país? Esta es una de las preguntas que Barbara Ochoa se formula en Tiempo sin pulso, película en donde cuenta la historia de Bruno (Fernando Álvarez), un joven de 18 años que por una culpa heredara no se permite disfrutar la vida.

Entiendo que la película empezó a fraguarse como un documental.

En realidad, una investigación documental me inspiró a rodar la película. Quería indagar en las razones que nos llevan a tomar la decisión de no vincularnos sexualmente con nadie. En la ficción encontré un territorio fértil para explorar el tema y contar la historia de la familia de Bruno.

¿Por qué te interesaba este tema? ¿Qué encontrabas en la culpa para abordar la condición humana?

Me interesaba explorar cómo, a veces, construimos la idea de una culpa. En la película Bruno es quien autogenera y construye la propia, esto lo lleva paralizarse.

Pero también está muy ligado a su familia. Muchas veces la culpa es algo heredado.

Exacto, definitivamente en esta historia hay una especie de transferencia. Aunque Bruno no es responsable de nada, la madre en aras de revivir en el hijo menor, transfiere al mayor un poco de culpa.

En este escenario también hay una revisión de la familia, como tema.

Me interesaba ver a la familia no como el entorno dulce, sino con sus lados oscuros. En un contexto mexicano quería hablar de cómo las familias nos acostumbramos a la violencia.

A partir de la violencia hablas también de la muerte.

A raíz de la investigación comprendí que la sexualidad es una condición irreprimible. Quería contar una historia donde esa fuera la premisa y donde se hablara de la sexualidad como pulsión de vida. Me adentré en la historia de Bruno, quien, aunque atraviesa por un momento de parálisis reconecta con su juventud y con las ganas de mirar a su alrededor.

La película es muy contenida por la misma naturaleza del personaje y de la propia estética, ¿por qué le diste este tratamiento?

Me interesaba que estuviéramos en el estado de Bruno, quien renuncia a las cosas cotidianas en su vida. Quería que lo acompañáramos en su proceso de liberación por eso el tratamiento del diseño sonoro y de la música. La primera parte de la película es poco dialogada y casi sin música. A lo largo de su desarrollo se libera hasta generar una atmósfera sonora más relajada. Visualmente quería estar muy cerca de Bruno y muy cerca de su intimidad.

¿Hasta qué punto se puede leer a través de Bruno el momento social que se atraviesa el país?

En México convives constantemente con imágenes brutales y con hechos que a cualquier persona de otro país le haría pasar un muy mal momento. Por medio del guion quería investigar cómo se sienten los jóvenes. Creo que el personaje refleja el momento, un poco impregnado de pulsión y muerte que tenemos en el país.

Staff de Notiissa.mx

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