{"id":11484,"date":"2016-04-21T04:07:31","date_gmt":"2016-04-21T04:07:31","guid":{"rendered":"http:\/\/notiissa.mx\/?p=11484"},"modified":"2016-04-21T04:07:31","modified_gmt":"2016-04-21T04:07:31","slug":"el-error-mas-gordo-de-los-dietistas-en-la-lucha-contra-la-obesidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/notiissa.mx\/?p=11484","title":{"rendered":"El error m\u00e1s &#8216;gordo&#8217; de los dietistas en la lucha contra la obesidad"},"content":{"rendered":"<p>D\u00e9cadas atr\u00e1s, los nutricionsitas intentaron prevenir que el sobrepeso se extendiera como una plaga pero, de manera parad\u00f3jica, aceleraron su avance con recomendaciones err\u00f3neas.<\/p>\n<p>Hace algunas d\u00e9cadas, la grasa saturada sufri\u00f3 una monumental derrota a manos del az\u00facar. Por aquel entonces los cient\u00edficos y dietistas \u2014primero en Estados Unidos; despu\u00e9s, en otras partes del mundo\u2014 condenaron la grasa por hallarse en el origen de la\u00a0obesidad y de las enfermedades card\u00edacas, escribe Ian Leslie en su estudio para <a href=\"http:\/\/www.theguardian.com\/society\/2016\/apr\/07\/the-sugar-conspiracy-robert-lustig-john-yudkin\" target=\"_blank\">&#8216;The Guardian&#8217;<\/a>.<\/p>\n<p>La idea vigente era que el consumo excesivo de grasas saturadas en alimentos como la carne roja, el queso, la mantequilla y los huevos eleva el nivel de colesterol, que se coagula dentro de las arterias, dificulta el flujo sangu\u00edneo y provoca que el coraz\u00f3n aumente de tama\u00f1o. Adem\u00e1s, se estimaba que si consumimos grasa, nos ponemos gordos.<\/p>\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s result\u00f3 que, pese a que miles de personas que pretend\u00edan tener una dieta m\u00e1s sana modificaron su alimentaci\u00f3n, los problemas card\u00edacos se volvieron epid\u00e9micos y el porcentaje de personas con sobrepeso creci\u00f3 de manera alarmante.\u00a0Ya\u00a0en 1972, el prominente cient\u00edfico brit\u00e1nico John Yudkin afirmaba en su estudio &#8216;Pure, White, and Deadly&#8217; (&#8216;Puro, blanco, y mortal&#8217;, en ingl\u00e9s) que el az\u00facar era la\u00a0causa principal de la obesidad, los problemas card\u00edacos y la diabetes, al tiempo que aseguraba que comer grasa no resultaba da\u00f1ino.<\/p>\n<p>Los humanos consumimos carne grasa desde siempre e hidratos de carbono desde hace 10.000 a\u00f1os, cuando se invent\u00f3 la agricultura. Sin embargo, el az\u00facar puro solo forma parte de nuestra dieta desde hace 300 a\u00f1os, as\u00ed que es m\u00e1s probable que tenga la culpa del sobrepeso porque, explica\u00a0Yudkin, el h\u00edgado lo procesa y lo transforma en grasa, que pasa al torrente sangu\u00edneo.<\/p>\n<p>A John Yudkin este documento le cost\u00f3 su carrera y su reputaci\u00f3n, con lo que otros investigadores perdieron las ganas de desarrollar esta idea.<\/p>\n<p>Ahora, cuando surgen estudios apolog\u00e9ticos sobre la grasa, el colesterol alimentario y los efectos\u00a0negativos del\u00a0az\u00facar, cabe preguntarse\u00a0por qu\u00e9 lo cient\u00edficos no solo no previnieron la epidemia de obesidad ni los problemas de salud relacionados sino que, incluso, la agravaron\u00a0con ideas err\u00f3neas e infundadas.<\/p>\n<h3>El &#8216;cabildeo azucarero&#8217;<\/h3>\n<p>Es m\u00e1s, el &#8216;cabildeo azucarero&#8217; de los investigadores y dietistas que siguen culpando de todos los males a la grasa a\u00fan es tan fuerte que las recomendaciones alimenticias que los informes del Gobierno de EE.UU. en 2015 no incluyeron la amenaza que representa el az\u00facar, algo que criticaron duramente sus propios congresistas.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n era muy distinta a\u00a0mediados del siglo pasado, cuando la obesidad a\u00fan no exist\u00eda como problema global, pero las enfermedades card\u00edacas ya empezaban a manifestarse. Antes de los a\u00f1os 60 eran comunes las dietas que prescrib\u00edan comer menos hidratos de carbono y m\u00e1s grasas, pues en aquella \u00e9poca se tom\u00f3\u00a0en serio la idea sobre el car\u00e1cter da\u00f1ino del az\u00facar, propuesta por primera vez por Yudkin en 1957.<\/p>\n<p>Sin embargo, durante aquella d\u00e9cada empez\u00f3 a consolidarse la condena de las grasas saturadas y el colesterol, que en unos pocos a\u00f1os se volvi\u00f3 omnipotente, en particular gracias al investigador estadounidense Ancel Keys.<em>\u00a0<\/em>Hacia 1970 la idea de Yudkin fue\u00a0marginada por los opositores agresivos contra el consumo de grasas y el propio Yudkin fue condenado al ostracismo.<\/p>\n<p>Hacia 1980 los cient\u00edficos lograron convencer al Gobierno de EE.UU. de que una dieta saludable debe ser reducida en grasas saturadas y en colesterol, recomendaci\u00f3n que fue incluida en la Gu\u00eda Alimentaria, estableci\u00e9ndose como el \u00fanico consejo beneficioso para cientos de millones de personas, doctores y empresas del sector. Adem\u00e1s, fue la primera vez que se\u00a0recomend\u00f3 comer menos de algo, en vez de comer un poco de todo, explica\u00a0&#8216;The Guardian&#8217;.<\/p>\n<p>Las cifras hablan por s\u00ed solas. Si en los a\u00f1os 50 el 12 % de los estadounidenses sufr\u00eda obesidad, en la d\u00e9cada de los 80 ese porcentaje aument\u00f3 hasta el 15 %, mientras que en torno al a\u00f1o 2000 uno de cada tres estadounidenses era obeso y aumentaron los \u00edndices de diabetes tipo 2, vinculada con este problema.<\/p>\n<h3>\u00bfC\u00f3mo pudo pasar esto?<\/h3>\n<p>En ocasiones, una idea cient\u00edfica es\u00a0rechazada por razones que no tienen\u00a0nada que ver con la ciencia, sino con la pol\u00edtica. En este sentido, destaca la influencia de un investigador como Ancel Keys quien, junto con los partidarios que ten\u00eda en algunas de las organizaciones sanitarias m\u00e1s influyentes de EE.UU., como el Instituto Nacional de la Salud, control\u00f3 la financiaci\u00f3n de las investigaciones.<\/p>\n<p>Keys y otros cient\u00edficos partidarios de las dietas reducidas en grasas llevaron a cabo estudios a gran escala que corroboraron\u00a0su idea, como ocurri\u00f3 con un informe &#8216;emblem\u00e1tico&#8217; llevado a cabo entre 1958 y 1964,\u00a0en el que participaron\u00a012.770 personas de Italia, Grecia, Yugoslavia, Finlandia, Pa\u00edses Bajos, Jap\u00f3n y EE.UU. y que estableci\u00f3 una fuerte correlaci\u00f3n entre el consumo de grasas saturadas y las enfermedades card\u00edacas.<\/p>\n<p>Ese documento sirvi\u00f3 de referencia durante muchos a\u00f1os, antes de que trascendiera\u00a0que fue llevado a cabo sin respetar los principios de investigaci\u00f3n cient\u00edfica. Es m\u00e1s, al revisar su contenido a\u00f1os despu\u00e9s, el investigador italiano Alessandro Menotti revel\u00f3 que establece un v\u00ednculo entre las enfermedades card\u00edacas y el consumo de az\u00facar, no al rev\u00e9s.<\/p>\n<h3>Dos problemas principales<\/h3>\n<p>Los humanos obtenemos energ\u00eda de tres fuentes alimentarias: las grasas, los hidratos de carbono y las prote\u00ednas, que no suelen causar problemas. En cuanto a las dos primeras, condicionan dos principales tipos de dieta: reducidas en hidratos de carbono o en grasas&#8230; que obliga a consumir m\u00e1s hidratos de carbono, cuyo m\u00e1ximo representante es el &#8216;asesino blanco&#8217;, tambi\u00e9n conocido como az\u00facar.<\/p>\n<p>El segundo error, extendido hasta la fecha entre m\u00e1s de la mitad de los m\u00e9dicos,\u00a0es creer que consumir mucho colesterol se traduce en que aumenta su presencia en sangre. El organismo humano es mucho m\u00e1s complejo como para simplemente transferir los elementos de afuera a dentro\u00a0sin &#8216;procesarlos&#8217;.<\/p>\n<p>El colesterol que existe en nuestro organismo lo produce el h\u00edgado, que lo genera en\u00a0menos cantidad cuanto m\u00e1s se\u00a0consume. En este sentido, la mayor\u00eda de las personas puede comer decenas de huevos llenos de colesterol cada d\u00eda sin que aumente la presencia de sus placas en su sangre. El propio Keys entend\u00eda esto, as\u00ed que sus estudios no atacaron a los alimentos con mucho colesterol, sino que fueron en contra de las grasas saturadas, que estimaba que se transformaban en colesterol en la sangre, amenazando al coraz\u00f3n.<\/p>\n<h3>Fin del mito<\/h3>\n<p>A\u00a0principios de los a\u00f1os 90 se dio una\u00a0situaci\u00f3n parad\u00f3jica, cuando durante varios a\u00f1os los nutricionistas aconsejaban a las mujeres que siguieran dietas reducidas en grasas sin conocer sus efectos. El primer estudio a gran escala al respecto lo realiz\u00f3 el Instituto Nacional de Coraz\u00f3n, Pulm\u00f3n y Sangre de EE.UU. en 1993 y revel\u00f3 que las mujeres que segu\u00edan esos reg\u00edmenes corr\u00edan\u00a0el mismo riesgo de padecer c\u00e1ncer o enfermedades card\u00edacas que las dem\u00e1s.<\/p>\n<p>En 2008 un estudio de la Universidad de Oxford (Reino Unido) revel\u00f3 que la naci\u00f3n europea que m\u00e1s grasa saturada consume padece la menor tasa de enfermedades card\u00edacas, mientras que la naci\u00f3n que menos grasa consume registra el nivel m\u00e1s alto de estas enfermedades. El primer pa\u00eds es Francia, el segundo es Ucrania y ninguno de ellos fue incluido en el famoso estudio de siete naciones de Keys.<\/p>\n<p>Ese mismo a\u00f1o un an\u00e1lisis de la ONU revel\u00f3 que ning\u00fan estudio anterior hab\u00eda demostrado realmente que un alto nivel de grasa en los alimentos provoca c\u00e1ncer o enfermedades card\u00edacas. El estudio de 192 naciones de Zo\u00eb Harcombe estableci\u00f3 un v\u00ednculo directo entre un nivel m\u00e1s bajo de colesterol y las tasas m\u00e1s altas de enfermedades card\u00edacas.<\/p>\n<h3>El misterio de la obesidad<\/h3>\n<p>La idea m\u00e1s simple y difundida es que, si uno consume m\u00e1s calor\u00edas de las que gasta, engorda. Un gramo de grasa tiene dos veces m\u00e1s calor\u00edas que un gramo de prote\u00edna o de hidratos de carbono, con lo cual se podr\u00eda deducir que las personas con sobrepeso son aquellas que comen grasa y no hacen ejercicio, algo que durante a\u00f1os se convirti\u00f3 en un lugar com\u00fan en relaci\u00f3n\u00a0a los obesos.<\/p>\n<p>Sin embargo, la\u00a0realidad no es tan sencilla. En EE.UU., el aumento de la obesidad desde los a\u00f1os 80 supera en mucho el crecimiento del consumo de calor\u00edas, mientras que la actividad f\u00edsica no ha disminuido. En realidad, no existen\u00a0pruebas ciertas de que las personas con dietas reducidas en grasa o en calor\u00edas pierdan peso a largo plazo.<\/p>\n<p>Mientras tanto, cada vez hay m\u00e1s estudios que vinculan la obesidad con los problemas con hormonas como la insulina, responsable del nivel de az\u00facar en sangre, apoyados por el consumo de almidones y az\u00facares, un tipo de comida que se volvi\u00f3 popular tras la &#8216;prohibici\u00f3n&#8217; de la grasa. La nueva idea es que, cuando consumimos demasiados alimentos azucarados, crece el nivel de insulina en sangre que, en pocas palabras, genera una\u00a0mayor sensaci\u00f3n de hambre y quita energ\u00eda, con lo cual provoca que las personas obesas se sientan cansadas.<\/p>\n<p>Existen ya m\u00e1s de 50 an\u00e1lisis que sugieren que, para perder el peso y controlar la diabetes tipo 2, las dietas reducidas en hidratos de carbono son mejores que dietas reducidas en grasas.<\/p>\n<p>El combate &#8216;az\u00facar contra grasa&#8217; confirma de manera emp\u00edrica la idea del f\u00edsico Max Planck, seg\u00fan la cual\u00a0\u00abuna nueva verdad cient\u00edfica no triunfa convenciendo a sus oponentes y haci\u00e9ndoles ver la luz, sino cuando los rivales mueren y las nuevas generaciones crecen acostumbradas a esa idea\u00bb, escribe Ian Leslie. El problema es que, hasta ahora, demasiados &#8216;enemigos&#8217; de las grasas y de Yudkin siguen activos.<\/p>\n<p>Fuente: Rt<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>D\u00e9cadas atr\u00e1s, los nutricionsitas intentaron prevenir que el sobrepeso se extendiera como una plaga pero, de manera parad\u00f3jica, aceleraron su avance con recomendaciones err\u00f3neas. Hace algunas d\u00e9cadas, la grasa saturada sufri\u00f3 una monumental derrota a manos del az\u00facar. 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