{"id":1038,"date":"2015-04-01T23:37:36","date_gmt":"2015-04-01T23:37:36","guid":{"rendered":"http:\/\/notiissa.mx\/?p=1038"},"modified":"2015-04-01T23:37:36","modified_gmt":"2015-04-01T23:37:36","slug":"ludwig-van-beethoven","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/notiissa.mx\/?p=1038","title":{"rendered":"Ludwig van Beethoven"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\">A las cinco de la tarde del 26 marzo de 1827 se levant\u00f3 en Viena un fuerte viento que momentos despu\u00e9s se transformar\u00eda en una impetuosa tormenta. En la penumbra de su alcoba, un hombre consumido por la agon\u00eda est\u00e1 a punto de exhalar su \u00faltimo suspiro. Un intenso rel\u00e1mpago ilumina por unos segundos el lecho de muerte. Aunque no ha podido escuchar el trueno que resuena a continuaci\u00f3n, el hombre se despierta sobresaltado, mira fijamente al infinito con sus ojos \u00edgneos, levanta la mano derecha con el pu\u00f1o cerrado en un \u00faltimo gesto entre amenazador y suplicante y cae hacia atr\u00e1s sin vida. Un peque\u00f1o reloj en forma de pir\u00e1mide, regalo de la duquesa Christiane Lichnowsky, se detiene en ese mismo instante. Ludwig van Beethoven, uno de los m\u00e1s grandes compositores de todos los tiempos, se ha despedido del mundo con un adem\u00e1n caracter\u00edstico, dejando tras de s\u00ed una existencia marcada por la soledad, las enfermedades y la miseria, y una obra que, sin duda alguna, merece el calificativo de genial.<\/p>\n<p class=\"mono\"><b>Infancia y formaci\u00f3n<\/b><\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Los testimonios de estos a\u00f1os trazan un sombr\u00edo retrato del ni\u00f1o, hosco, abandonado y resentido, hasta que en su destino se cruz\u00f3 Christian Neefe, un m\u00fasico llegado a Bonn en 1779, quien tom\u00f3 a su cargo no s\u00f3lo su educaci\u00f3n musical, sino tambi\u00e9n su formaci\u00f3n integral. Diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, el joven Beethoven le escribi\u00f3: \u00abSi alguna vez me convierto en un gran hombre, a ti te corresponder\u00e1 una parte del honor\u00bb. A Neefe se debe, en cualquier caso, la nota publicada en el Cramer Magazine en marzo de 1783, en la que se daba noticia del virtuosismo interpretativo de Beethoven, superando \u00abcon habilidad y con fuerza\u00bb las dificultades de <i>El clave bien temperado<\/i> de Johann Sebastian Bach, y de la publicaci\u00f3n en Mannheim de las nueve <i>Variaciones sobre una marcha de Dressler<\/i>, que constituyeron sin duda alguna su primera composici\u00f3n.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">En junio de 1784 Maximilian Franz, el nuevo elector de Colonia (que habr\u00eda de ser el \u00faltimo), nombr\u00f3 a Ludwig, que entonces contaba catorce a\u00f1os de edad, segundo organista de la corte, con un salario de ciento cincuenta guldens. El muchacho, por aquel entonces, ten\u00eda un aire severo, complexi\u00f3n latina (algunos autores la califican de \u00abespa\u00f1ola\u00bb y recuerdan que este tipo de f\u00edsico apareci\u00f3 en Flandes con la dominaci\u00f3n espa\u00f1ola) y ojos oscuros y voluntariosos; a lo largo de su vida, algunos los vieron negros, y otros gris verdosos, siendo casi seguro que su tonalidad vari\u00f3 con la edad o con sus estados de \u00e1nimo.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Amarga habr\u00eda sido la vida del joven Ludwig en Bonn, sobre todo tras la muerte de su madre en 1787, si no hubiera encontrado un c\u00edrculo de excelentes amigos que se reun\u00edan en la hospitalaria casa de los Breuning: Stefan y Eleonore von Breuning, a la que se sinti\u00f3 unido con una apasionada amistad, Gerhard Wegeler, su futuro marido y bi\u00f3grafo de Beethoven, y el pastor Amenda. Ludwig compart\u00eda con los j\u00f3venes Von Breuning sus estudios de los cl\u00e1sicos y, a la vez, les daba lecciones de m\u00fasica. Hab\u00edan corrido ya por Bonn (y tal vez este hecho le abriera las puertas de los Breuning) las alabanzas que Mozart hab\u00eda dispensado al joven int\u00e9rprete con ocasi\u00f3n de su visita a Viena en la primavera de 1787. Cuenta la an\u00e9cdota que Mozart no crey\u00f3 en las dotes improvisadoras del joven hasta que Ludwig le pidi\u00f3 a Mozart que eligiera \u00e9l mismo un tema. Quiz\u00e1 Beethoven recordar\u00eda esa escena cuando, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, otro muchacho, Liszt, solicit\u00f3 tocar en su presencia en espera de su aprobaci\u00f3n y aliento.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Estos a\u00f1os de formaci\u00f3n con Neefe y los j\u00f3venes Von Breuning fueron de extrema importancia porque conectaron a Beethoven con la sensibilidad liberal de una \u00e9poca convulsionada por los sucesos revolucionarios franceses, y dieron al joven armas sociales con las que tratar de t\u00fa a t\u00fa, en Bonn y, sobre todo, en Viena, a la nobleza ilustrada. Pese a sus arranques de mal humor y car\u00e1cter adusto, Beethoven siempre encontr\u00f3, a lo largo de su vida, amigos fieles, mecenas e incluso amores entre los componentes de la nobleza austriaca, cosa que el m\u00e1s amable Mozart a duras penas consigui\u00f3.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Beethoven ten\u00eda sin duda el don de establecer contactos con el yo m\u00e1s profundo de sus interlocutores; aun as\u00ed, sorprende la fidelidad de sus relaciones en la \u00e9lite, especialmente si se considera que no estaban habituadas a un lenguaje igualitario, cuando no zumb\u00f3n o despectivo, por parte de sus siervos, los m\u00fasicos. Forzosamente la personalidad de Beethoven deb\u00eda subyugar, incluso al margen de la genialidad y grandeza de sus creaciones. As\u00ed, su amistad con el conde Waldstein fue decisiva para establecer los contactos imprescindibles que le permitieron instalarse en Viena, centro indiscutible del arte musical y esc\u00e9nico, en noviembre de 1792.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\"><b>En Viena<\/b><\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">El avance de las tropas francesas sobre Bonn y la estabilidad del joven Beethoven en Viena convirtieron lo que ten\u00eda que ser un viaje de estudios bajo la tutela musical de Haydn en una estancia definitiva. All\u00ed, al poco de llegar, recibi\u00f3 la entusiasta protecci\u00f3n del pr\u00edncipe Lichnowsky, quien lo hosped\u00f3 en su casa, y recibi\u00f3 lecciones de Johann Schenck, del te\u00f3rico de la composici\u00f3n Albrechtsberger y del maestro dram\u00e1tico Antonio Salieri.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Sus \u00e9xitos como improvisador y pianista eran notables, y su carrera como compositor parec\u00eda asegurada econ\u00f3micamente con su trabajo de virtuoso. Porque, entretanto, el joven Beethoven compon\u00eda infatigablemente: fue \u00e9ste, de 1793 a 1802, su per\u00edodo clasicista, bajo la ben\u00e9fica influencia de la obra de Haydn y de Mozart, en el que dio a luz sus primeros conciertos para piano, las cinco primeras sonatas para viol\u00edn y las dos para violoncelo, varios tr\u00edos y cuartetos para cuerda, el lied <i>Adelaide<\/i> y su primera sinfon\u00eda, entre otras composiciones de esta \u00e9poca. Su clasicismo no ocultaba, sin embargo, una inequ\u00edvoca personalidad que se pon\u00eda de manifiesto en el clima melanc\u00f3lico, casi doloroso, de sus movimientos lento y adagio, reveladores de una fuerza moral y ps\u00edquica que se manifestaba por vez primera en las composiciones musicales del siglo.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Su fama precoz como compositor de conciertos y graciosas sonatas, y sobre todo su reputaci\u00f3n como pianista original y virtuoso le abrieron las puertas de las casas m\u00e1s nobles. La alta sociedad lo acogi\u00f3 con la condescendencia de quien olvida generosamente el origen peque\u00f1o burgu\u00e9s de su invitado, su aspecto desali\u00f1ado y sus modales asociales. Porque era evidente que Beethoven no encajaba en aquellos c\u00edrculos exclusivos; era un lobo entre ovejas. Seguro de su propio valor, consciente de su genio y poseedor de un car\u00e1cter explosivo y obstinado, despreciaba las normas sociales, las leyes de la cortes\u00eda y los gestos delicados, que juzgaba hip\u00f3critas y cursis. Siempre atrevido, se mezclaba en las conversaciones \u00edntimas, estallaba en ruidosas carcajadas, contaba chistes de dudoso gusto y ofend\u00eda con sus col\u00e9ricas reacciones a los distinguidos presentes. Y no se comportaba de tal manera por no saber hacerlo de otro modo: se trataba de algo deliberado. Pretend\u00eda demostrar con toda claridad que jam\u00e1s iba a admitir ning\u00fan patr\u00f3n por encima de \u00e9l, que el dinero no pod\u00eda convertirlo en un ser d\u00f3cil y que nunca se resignar\u00eda a asumir el papel que sus mecenas le reservaban: el de simple s\u00fabdito palaciego. En este rebelde prop\u00f3sito se mantuvo inflexible a lo largo de toda su vida. No es extra\u00f1o que tal actitud despertase las cr\u00edticas de quienes, aun reconociendo sinceramente que estaban ante un compositor de inmenso talento, lo tacharon de mis\u00e1ntropo, megal\u00f3mano y ego\u00edsta. Muchos se distanciaron de \u00e9l y hubo quien lleg\u00f3 a retirarle el saludo y a negarle la entrada a sus salones, sin sospechar que Beethoven era la primera v\u00edctima de su car\u00e1cter y sufr\u00eda en silencio tales muestras de desafecto.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Durante estos \u00aba\u00f1os felices\u00bb, Beethoven llevaba en Viena una vida de libertad, soledad y bohemia, aut\u00e9ntica prefiguraci\u00f3n de la imagen t\u00f3pica que, a partir de \u00e9l, la sociedad rom\u00e1ntica y postrom\u00e1ntica se forjar\u00eda del \u00abgenio\u00bb. Esta felicidad, sin embargo, empez\u00f3 a verse amenazada muy pronto, ya en 1794, por los tenues s\u00edntomas de una sordera que, de momento, no parec\u00eda poner en peligro su carrera de concertista. Como causa los bi\u00f3grafos discutieron la hip\u00f3tesis de la s\u00edfilis, enfermedad muy com\u00fan entre los j\u00f3venes que frecuentaban los prost\u00edbulos de Viena, y que, en cualquier caso, dar\u00eda nueva luz al enigma de la renuncia de Beethoven, al parecer dolorosa, a contraer matrimonio. La gran crisis moral de Beethoven no estall\u00f3, sin embargo, hasta 1802.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\"><b>La crisis <\/b><\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">En 1801 y 1802 la progresi\u00f3n de su sordera, que Beethoven se empe\u00f1aba en ocultar para proteger su carrera de int\u00e9rprete, fue tal que el doctor Schmidt le orden\u00f3 un retiro campestre en Heiligenstadt, un hermoso paraje con vistas al Danubio y los C\u00e1rpatos. Ello supuso un alejamiento de su alumna, la jovenc\u00edsima condesa Giulietta Guicciardi, de la que estaba profundamente enamorado y por la que parec\u00eda ser correspondido. Obviamente, Beethoven no san\u00f3 y la constataci\u00f3n de su enfermedad le sumi\u00f3, como es l\u00f3gico que ocurriera en un m\u00fasico, en la m\u00e1s profunda de las depresiones.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">En una carta dirigida a su amigo Wegener en 1802, Beethoven hab\u00eda escrito: \u00abAhora bien, este demonio envidioso, mi mala salud, me ha jugado una mala pasada, pues mi o\u00eddo desde hace tres a\u00f1os ha ido debilit\u00e1ndose m\u00e1s y m\u00e1s, y dicen que la primera causa de esta dolencia est\u00e1 en mi vientre, siempre delicado y aquejado de constantes diarreas. Muchas veces he maldecido mi existencia. Durante este invierno me sent\u00ed verdaderamente miserable; tuve unos c\u00f3licos terribles y volv\u00ed a caer en mi anterior estado. Escucho zumbidos y silbidos d\u00eda y noche. Puedo asegurar que paso mi vida de modo miserable. Hace casi dos a\u00f1os que no voy a reuni\u00f3n alguna porque no me es posible confesar a la gente que estoy volvi\u00e9ndome sordo. Si ejerciese cualquier otra profesi\u00f3n, la cosa ser\u00eda todav\u00eda pasable, pero en mi caso \u00e9sta es una circunstancia terrible; mis enemigos, cuyo n\u00famero no es peque\u00f1o, \u00bfqu\u00e9 dir\u00edan si supieran que no puedo o\u00edr?\u00bb<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Para colmo, Giulietta, la destinataria de la sonata <i>Claro de luna<\/i>, concert\u00f3 su boda con el conde Gallenberg. La historia, que se repetir\u00eda a\u00f1os despu\u00e9s con Josephine von Brunswick, debiera haber hecho comprender al orgulloso artista que la aristocracia pod\u00eda aceptarle como enamorado e incluso como amante de sus mujeres, pero no como marido. El caso es que el m\u00fasico crey\u00f3 acabada su carrera y su vida y, acaso acariciando ideas de un suicidio a lo Werther, la famosa novela de juventud de Goethe, se despidi\u00f3 de sus hermanos en un texto ciertamente pat\u00e9tico y grandioso que, de hecho, parec\u00eda m\u00e1s bien dirigido a sus contempor\u00e1neos y a la humanidad toda: el llamado <i>Testamento de Heiligenstadt<\/i>.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">No intent\u00f3 el suicidio, sino que regres\u00f3 en un estado de total postraci\u00f3n y desali\u00f1o a Viena, donde reanud\u00f3 sus clases particulares. La salvaci\u00f3n moral vino de su fortaleza de esp\u00edritu, de su arte, pero tambi\u00e9n del ben\u00e9fico influjo de sus dos alumnas, las hermanas Josephine y Therese von Brunswick, enamoradas a la vez de \u00e9l. Parece ser que la tensi\u00f3n emocional del \u00abtr\u00edo\u00bb lleg\u00f3 a un estado l\u00edmite en el verano de 1804, con la ruptura entre las dos hermanas y la clara oposici\u00f3n familiar a una boda. Therese, quien se mantuvo fiel toda su vida en sus sentimientos por el genio, lamentar\u00eda a\u00f1os m\u00e1s tarde su participaci\u00f3n en el alejamiento de Ludwig y Josephine: \u00abHab\u00edan nacido el uno para el otro, y, si se hubiesen unido, los dos vivir\u00edan todav\u00eda\u00bb. La reconciliaci\u00f3n tuvo lugar al a\u00f1o siguiente, y fue entonces Therese la hermana idolatrada por Ludwig. Pero ahora era el m\u00fasico el que no se decid\u00eda a dar un paso definitivo y, en 1808, pese a que le hab\u00eda dedicado la <i>Sonata, Op. 78<\/i>, Therese abandon\u00f3 toda esperanza de vida en com\u00fan y se consagr\u00f3 a la creaci\u00f3n y tutela de orfanatos en Hungr\u00eda. Muri\u00f3, canonesa conventual, a los ochenta y seis a\u00f1os.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">La mayor\u00eda de cr\u00edticos, aun respetando la unidad org\u00e1nica de la obra de Beethoven, coinciden en se\u00f1alar este per\u00edodo, de 1802 a 1815, como el de su madurez. T\u00e9cnicamente consigui\u00f3 de la orquesta unos recursos insospechados sin modificar la composici\u00f3n tradicional de los instrumentos y revolucion\u00f3 la escritura pian\u00edstica, am\u00e9n de ir transformando poco a poco el dualismo arm\u00f3nico de la sonata en caja de resonancia del contrapunto. Pero, desde un punto de vista program\u00e1tico, el per\u00edodo de madurez de Beethoven se caracteriz\u00f3 por su empe\u00f1o de superaci\u00f3n tit\u00e1nica del dolor personal en belleza o, lo que es lo mismo, por su consagraci\u00f3n del artista como h\u00e9roe tr\u00e1gico dispuesto a enfrentarse y dome\u00f1ar el destino.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Obras maestras de este per\u00edodo son, entre otras, el <i>Concierto para viol\u00edn y orquesta en re mayor, Op. 61<\/i> y el <i>Concierto para piano n\u00famero 4<\/i>, las oberturas de <i>Egmont<\/i> y <i>Coriolano<\/i>, las sonatas <i>A Kreatzer<\/i>, <i>Aurora<\/i> y <i>Appassionata<\/i>, la \u00f3pera <i>Fidelio<\/i> y la <i>Misa en do mayor, Op 86<\/i>. Menci\u00f3n especial merecen sus sinfon\u00edas, que tanto pudieron desconcertar a sus primeros oyentes y en las que, sin embargo, su genio consigui\u00f3 crear la sensaci\u00f3n de un organismo musical, vivo y natural, ya conocido por la memoria de quienes a ellas se acercan por primera vez.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">La tercera sinfon\u00eda estaba, en un principio, dedicada a Napole\u00f3n por sus ideales revolucionarios; la dedicatoria fue suprimida por Beethoven cuando tuvo noticia de su coronaci\u00f3n como emperador. (\u00ab\u00bfAs\u00ed pues -clam\u00f3-, tambi\u00e9n \u00e9l es un ser humano ordinario? \u00bfTambi\u00e9n \u00e9l pisotear\u00e1 ahora los derechos del hombre?\u00bb). El drama del h\u00e9roe convertido en tit\u00e1n lleg\u00f3 a su cumbre en la quinta sinfon\u00eda, dramatismo que se apacigua con la expresi\u00f3n de la naturaleza en la sexta, en la mayor alegr\u00eda de la s\u00e9ptima y en la serenidad de la octava, ambas de 1812.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">La gran crisis fue superada y se transmut\u00f3 en la grandiosidad de su arte. Su situaci\u00f3n econ\u00f3mica, adem\u00e1s, estaba asegurada gracias a las rentas concedidas desde 1809 por sus admiradores el archiduque Rudolf, el duque Lobkowitz y su amigo Kinsky o la condesa Erd\u00f6dy. Pese a su car\u00e1cter adusto, imprevisible y misantr\u00f3pico, ya no ocultaba su sordera como algo vergonzante, y su vida sentimental, acaso sin llegar a las profundidades espirituales de su amor por Josephine y Therese, era rica en relaciones: Therese Maltati, Amalie Sebald y Bettina Brentano pasaron por su vida amorosa, siendo esta \u00faltima quien propici\u00f3 el encuentro de Beethoven con su \u00eddolo Goethe.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">La relaci\u00f3n fue decepcionante: el compositor reproch\u00f3 a Goethe su insensibilidad musical, y el poeta censur\u00f3 las formas descorteses de Beethoven. Es famosa en este sentido una an\u00e9cdota, verdadera o no, que habr\u00eda tenido lugar en verano de 1812: mientras se hallaba paseando por el parque de Treplitz en compa\u00f1\u00eda de Goethe, vio venir por el mismo camino a la emperatriz acompa\u00f1ada de su s\u00e9quito; el escritor, cort\u00e9s ante todo, se apart\u00f3 para dejar paso a la gran dama, pero Beethoven, saludando apenas y levantando dign\u00edsimamente su barbilla, dio en atravesar por su mitad el distinguido grupo sin prestar atenci\u00f3n a los saludos que amablemente se le dirig\u00edan.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">En t\u00e9rminos generales, y pese a sus fracasados proyectos matrimoniales, el per\u00edodo fue extraordinariamente fruct\u00edfero, incluso en el terreno social y econ\u00f3mico. As\u00ed, Beethoven tuvo ocasi\u00f3n de dirigir una composici\u00f3n de \u00abcircunstancias\u00bb, <i>Victoria de Wellington<\/i>, ante los pr\u00edncipes y soberanos europeos llegados a la capital de Austria para acordar el nuevo orden europeo que habr\u00eda de regular la sucesi\u00f3n napole\u00f3nica y contrarrestar el peligro de toda revoluci\u00f3n liberal en Europa. Los m\u00e1s reputados compositores e int\u00e9rpretes de Viena actuaron como humildes ejecutantes, en homenaje a Beethoven, en aquel concierto de \u00e9xito apote\u00f3sico.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">El genio, sin embargo, no se priv\u00f3 de menospreciar p\u00fablicamente su propia composici\u00f3n, repleta de sonidos onomatop\u00e9yicos de ca\u00f1onazos y descargas de fusiler\u00eda, tild\u00e1ndola de bagatela patri\u00f3tica. El Congreso de Viena marc\u00f3 en 1813 el fin de la gloria mundana del compositor, pues s\u00f3lo dos a\u00f1os m\u00e1s tarde habr\u00eda de derrumbarse el fr\u00e1gil edificio de su estabilidad. Ello ocurrir\u00eda en el terreno m\u00e1s inesperado, el familiar, y concretamente en el \u00e1mbito de sus relaciones, de facto paternofiliales, con su sobrino Karl: si el genio hab\u00eda rehuido el matrimonio para mejor poder consagrarse al arte, de poco habr\u00eda de servirle tal renuncia en los \u00faltimos y dolorosos a\u00f1os de su vida.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\"><b>El final<\/b><\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">En 1815 muri\u00f3 su hermano Karl, dejando un testamento de instrucciones algo contradictorias sobre la tutela del hijo: \u00e9ste, en principio, quedaba en manos de Beethoven, quien no podr\u00eda alejar al hijo de Johanna, la madre. Beethoven entreg\u00f3 de inmediato por su sobrino Karl todo el afecto de su paternidad frustrada y se embarc\u00f3 en continuos procesos contra su cu\u00f1ada, cuya conducta, a sus ojos disoluta, la incapacitaba para educar al ni\u00f1o. Hasta 1819 no volvi\u00f3 a embarcarse en ninguna composici\u00f3n ambiciosa. Las relaciones con Karl eran, adem\u00e1s, todo un infierno dom\u00e9stico y judicial, cuyos puntos culminantes fueron la escapada del joven en 1818 para reunirse con su madre o su posterior elecci\u00f3n de la carrera militar, llevando una vida ciertamente escandalosa que le condujo en 1826 al previsible intento de suicidio por deudas de juego. Para Beethoven, el incidente colm\u00f3 su amargura y su p\u00fablica deshonra.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Desde 1814 dej\u00f3 de ser capaz de mantener un simple di\u00e1logo, por lo que empez\u00f3 a llevar siempre consigo un \u00ablibro de conversaci\u00f3n\u00bb en el que hac\u00eda anotar a sus interlocutores cuanto quer\u00edan decirle. Pero este paliativo no satisfac\u00eda a un hombre temperamental como \u00e9l y jam\u00e1s dej\u00f3 de escrutar con desconfianza los labios de los dem\u00e1s intentando averiguar lo que no hab\u00edan escrito en su peque\u00f1o cuaderno. Su rostro se hizo cada vez m\u00e1s sombr\u00edo y sus accesos de c\u00f3lera comenzaron a ser insoportables. Al mismo tiempo, Beethoven parec\u00eda dejarse llevar por la pendiente de un caos dom\u00e9stico que horrorizaba a sus amigos y visitantes. Incapaz de controlar sus ataques de ira por motivos a veces insignificantes, desped\u00eda constantemente a sus sirvientes y cambiaba sin raz\u00f3n una y otra vez de domicilio, hasta llegar a vivir pr\u00e1cticamente solo y en un estado de dejadez alarmante. El desastre econ\u00f3mico se sum\u00f3 casi necesariamente al dom\u00e9stico pese a los esfuerzos de sus protectores, incapaces de que el genio reordenara su vida y administrara sus recursos. El testimonio de visitantes de toda Europa, y muy especialmente de Inglaterra, es, en este sentido, coincidente. El propio Rossini qued\u00f3 espantado ante las condiciones de incomodidad, rayana en la miseria, del compositor. Honesto es se\u00f1alar, sin embargo, que siempre que Beethoven solicit\u00f3 una ayuda o dispendio de sus protectores, austriacos e ingleses, \u00e9stos fueron generosos.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">En la producci\u00f3n de este per\u00edodo 1815-1826, comparativamente m\u00e1s escasa, Beethoven se desvincul\u00f3 de todas las tradiciones musicales, como si sus quebrantos y frustraciones, y su poco envidiable vida de anacoreta desastrado le hubieran dado fuerzas para ser audaz y abordar las mayores dificultades t\u00e9cnicas de la composici\u00f3n, paralelamente a la expresi\u00f3n de un universo progresivamente depurado. Si en su segundo per\u00edodo Beethoven expres\u00f3 espiritualmente el mundo material, en este tercero lo que expres\u00f3 fue el \u00e9xtasis y consuelo del espiritual. Es el caso de composiciones como la <i>Sonata para piano en mi mayor, Op. 109<\/i>, <i>en bemol mayor, Op. 110<\/i>, y <i>en do menor, Op. 111<\/i>, pero, sobre todo, de la <i>Missa solemnis<\/i>, de 1823, y de la novena sinfon\u00eda, de 1824, con su imperecedero movimiento coral con letra de la <i>Oda a la alegr\u00eda<\/i> de Schiller.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">La <i>Missa solemnis<\/i> pudo maravillar por su monumentalidad, especialmente en la fuga, y por su muy subjetiva interpretaci\u00f3n musical del texto lit\u00fargico; pero la apoteosis lleg\u00f3 con la interpretaci\u00f3n de la novena sinfon\u00eda, que aquel 7 de mayo de 1824 cerraba el concierto iniciado con fragmentos de la <i>Missa solemnis<\/i>. Beethoven, completamente sordo, dirigi\u00f3 orquesta y coros en aquel hist\u00f3rico concierto organizado en su honor por sus viejos amigos. Acabado el \u00faltimo movimiento, la cantante Unger, comprendiendo que el compositor se hab\u00eda olvidado de la presencia de un p\u00fablico delirante de entusiasmo al que no pod\u00eda o\u00edr, le oblig\u00f3 con suavidad a ponerse de cara a la platea.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">El a\u00f1o siguiente todav\u00eda Beethoven afront\u00f3 composiciones ambiciosas, como los innovadores <i>Cuartetos para cuerda, Op. 130<\/i> y <i>132<\/i>, pero en 1826 el esc\u00e1ndalo de su sobrino Karl le sumi\u00f3 en la postraci\u00f3n, agravada por una neumon\u00eda contra\u00edda en diciembre. Sobrevivi\u00f3, pero arrastr\u00f3 los cuatro meses siguientes una doloros\u00edsima dolencia que los m\u00e9dicos calificaron de hidropes\u00eda (le torturaban con incisiones de dudosa asepsia) y que un diagn\u00f3stico actual tal vez habr\u00eda calificado de cirrosis hep\u00e1tica.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Ning\u00fan familiar le visit\u00f3 en su lecho de enfermo; s\u00f3lo amigos como Stephan von Breuning, Schubert y el doctor Malfatti, entre otros. La tarde del 26 de marzo se desencaden\u00f3 una gran tormenta, y el moribundo, seg\u00fan testimonia H\u00fcttenbrenner, abri\u00f3 los ojos y alz\u00f3 un pu\u00f1o despu\u00e9s de un vivo rel\u00e1mpago, para dejarlo caer a continuaci\u00f3n, ya muerto. Sobre su escritorio se encontr\u00f3 la partitura de <i>Fidelio<\/i>, el retrato de Therese von Brunswick, la miniatura de Giulietta Guicciardi y, en un caj\u00f3n secreto, la carta de la an\u00f3nima \u00abAmada Inmortal\u00bb.<\/p>\n<p class=\"mono\" style=\"text-align: justify;\">Tres d\u00edas m\u00e1s tarde se celebr\u00f3 el multitudinario entierro, al que asistieron, de luto y con rosas blancas, todos los m\u00fasicos y poetas de Viena. Hummel y Kreutzer, entre otros compositores, portaron a hombros el f\u00e9retro. Schubert se encontraba entre los portadores de antorchas. El cortejo fue acompa\u00f1ado por cantores que entonaban los <i>Equali<\/i> compuestos por Beethoven para el d\u00eda de Todos los Santos, en arreglo coral para la ocasi\u00f3n. En 1888 los restos fueron trasladados al cementerio central de Viena.<\/p>\n<p><ins class=\"adsbygoogle adaptable-centro\" data-adsbygoogle-status=\"done\" data-ad-client=\"ca-pub-3172851258350010\" data-ad-slot=\"1744822333\"><ins id=\"aswift_0_expand\"><ins id=\"aswift_0_anchor\">Fuente:http:\/\/www.biografiasyvidas.com\/monografia\/beethoven\/<br \/>\n<\/ins><\/ins><\/ins><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A las cinco de la tarde del 26 marzo de 1827 se levant\u00f3 en Viena un fuerte viento que momentos despu\u00e9s se transformar\u00eda en una impetuosa tormenta. En la penumbra de su alcoba, un hombre consumido por la agon\u00eda est\u00e1 a punto de exhalar su \u00faltimo suspiro. 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