‘Mi relación con el mundo y lo que escribo es por medio del humor’: Francisco Hinojosa

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El escritor publica sus cuentos casi completos en ‘Profesores, tiranos y otros pinches chamacos’.

Por Héctor González.

Si algo ha aprendido Francisco Hinojosa (Ciudad de México, 1954) es que en un cuento no hay truco, pero sí oficio. Después de más de treinta años de publicar, el narrador presenta Profesores, tiranos y otros pinches chamacos (Almadía), una reunión casi íntegra de todos sus relatos -faltaron cuatro que no pasaron el último filtro de calidad-, que vista en perspectiva exhibe la buena condición que de un autor encuentra en el humor y la experimentación dos formas de hacer literatura.

¿Por qué reunir ahora tus cuentos?

Fue una cuestión del azar. Después de que un editor me propuso publicar mis cuentos completos hablé con Guillermo Quijas, de Almadía, para ver si podía usar los que tengo con ellos. Quijas me hizo ver que su editorial llevaba mano y comprendí que tenía razón, primero es la familia. Fue así como se fraguó el libro que en estricto sentido no puede llamarse Cuentos completos porque quité cuatro que de plano no me gustaron en la relectura. A cambio añadí cuatro más que estaban sueltos en otros títulos o revistas.

Retrabajaste los cuentos entonces…

Algunos sí los retoqué. Cuanto tengo oportunidad de meterles mano, lo hago.

¿Eso no es traicionar el impulso que te llevó a escribirlos en su momento?

En lo personal no tengo ningún prurito en hacer retoques. No cambio cosas fundamentales. Jamás incluiría un celular en cuento publicado hace treinta años, pero cuando las palabras no son las justas sí las modifico.

¿Qué tan autocrítico eres con tu trabajo?

Creo responderte si te digo que el tiempo promedio que tardo en publicar un libro oscila entre cuatro y siete años. No publico un cuento hasta no estar completamente seguro de que funciona.

Dicen que el cuento es un artículo de relojería.

Si algo falla ahí lo mejor es tirarlo. Una novela se puede dejar reposar por mucho tiempo sin problema; me ha pasado y no me genera culpa. Decía Cortázar que un cuento gana por nocaut y una novela por decisión.

¿Desde el principio sabes cómo va a terminar?

No, Horacio Quiroga decía: ‘cuando escribes la primera línea debes saber cuál será la última’. Yo trabajo de otra manera. Me aventuro en la construcción de un personaje o una situación y después no sé qué hacer con eso. Busco caminos hasta encontrar el más adecuado.

¿Incluso sobre la anécdota?

Esa es otra forma de escribir un cuento. A veces tienes la historia completa desde el principio, así me sucedió La peor señora del mundo, uno de mis libros más conocidos.  Una tercera forma de abordar un cuento es a partir de una idea. Digamos que esas tres formas son las que más uso, aunque prefiero comenzar la construcción de un personaje o situación.

¿Haces distinción entre relato y cuento?

Para mí son lo mismo. La distinción es meramente académica.

¿Tienes alguna teoría del cuento?

No, si algo me gusta en la literatura es la posibilidad de experimentación. No tengo ninguna fórmula. Cada cuento obedece a principios muy distintos.

¿Aplicas esta norma a todos los géneros?

Hay algunas diferencias. He tratado de hacer novela un poco más ortodoxa, como Con los ojos abiertos, una obra juvenil que publiqué con el Fondo de Cultura Económica; luego escribí Emma, una especie de Harry Potter pero más oscura, cuando la terminé no me gustó y la dejé reposar varios años antes de editarla con Almadía. Conseguí terminarla cuando entendí la necesidad de volver a la experimentación. No obstante, mi próximo proyecto sí tiene cierta ortodoxia. Transformaré en novela mi cuento “Informe negro”.

¿Cómo entiendes la experimentación?

Piglia decía que detrás de un cuento hay una historia subterránea. Al revisar varios de los cuentos incluidos en la antología descubrí que es cierto. A veces lo más importante se narra de manera subrepticia. Mi relato “La muda boca”, está lleno de paréntesis en cuyo interior se dicen cosas muy fuertes. Cuando los lees de manera independiente descubres un discurso muy diferente.

¿El humor y la ironía cambian con el tiempo?

Supongo que sí. No me doy cuenta porque soy el mismo, pero mi relación con el mundo y lo que escribo es por medio del humor y el juego. Además, el humor está muy relacionado con dos de mis temas más recurrentes: la muerte y la violencia. Quizá los uso para protegerme de los males que viene.

¿En el juego se sostiene el oficio de escribir?

El juego parte como tema, pero también como un mecanismo de interacción con el lector. Es mi invitación para involucrarlo.

¿Hay truco?

No. Mis cuentos se parecen a mí, el oficio sirve para expresarme mejor de como lo hago en las entrevistas, donde digo muchas tonterías.

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Staff de Notiissa.mx

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