‘Una sociedad se define a partir de su relación con el dolor’: Andrea Bajani

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Por Héctor González.

No hay forma de escapar al dolor. Negarlo, sostiene el escritor italiano Andrea Bajani (Roma, 1975), equivale a renegar de una parte de nuestro cuerpo. Atento observador de las emociones humanas, el escritor publica en México, Un bien al mundo (Elefanta), novela donde explora la forma en que un niño descubre y aprende a vivir con este sentimiento.

En el entendido de que el dolor es una incógnita, Bajani pondera su existencia y el poder que ejerce durante la infancia.

No es la primera novela donde abordas el universo infantil, ¿por qué te interesan estos espacios?

Por dos razones. La primera obedece a una cuestión de lenguaje. Durante la infancia es cuando verdaderamente se inventa la lengua. Cada niño encuentra una forma propia de expresarse. Gracias a sus errores de comunicación se vuelve alguien distinto. Otro motivo es de orden filosófico. Cada niño lleva dentro un mundo completamente original y eso lo convierte en un potencial gran artista. La edad adulta en cierto sentido mata la originalidad. Regresar a la infancia implica volver a nuestra especificidad.

Aunque en tu novela combinas la infancia con el dolor.

El dolor existe, aunque socialmente sea un tema un tabú. Se supone que a nivel colectivo debemos buscar la felicidad sobre todo después de haber comprado alguna mercancía. Vivimos en una época en donde el dolor ha perdido su derecho de ciudadanía y su pasaporte. En contraste con otros sentimientos que sí son muy promovidos. Con esta novela quería decir que dolor existe en cada ser humano, incluyendo a los niños. Defender su existencia implica defender el derecho a la felicidad en los menores.

Después de explorar este sentimiento, ¿cuál es la diferencia entre el dolor infantil y el adulto?

Los niños tienen dolores más filosóficos. Sus miedos son mayores: temen que los padres los abandonen o mueran. Los adultos tememos a quedarnos sin wifi, que la novia no lea el whatsapp o que la tienda no abra el domingo. Por supuesto no generalizo, pero los adultos prefieren ocuparse de los pequeños dolores para no mirar a los más profundos.

¿Preferimos distraernos con pequeñas cosas?

Así es.

En países fracturados por fenómenos de violencia como México, su novela puede tener una lectura diferente a la europea supongo. ¿De qué manera determina el contexto la interpretación de un libro como este?

Una sociedad se puede definir a partir de su relación el dolor. Cuando fueron las olimpiadas de invierno en Turín, el centro de la ciudad fue maquillado y los indigentes fueron enviados a las zonas periféricas a fin de que los visitantes no los vieran. Pues bien, a eso me refiero cuando hablo de la forma en que nos relacionamos con el dolor. No conozco a profundidad la realidad mexicana como para pensar en la reacción de los lectores, pero sí se que cada persona lo vive de diferente manera.

¿Tu relación con el dolor cambió a partir de la escritura del libro?

Un poco. Para mí el dolor es un amigo y un elemento que me ayuda a relacionarme con los demás. Crea empatía porque cuando somos capaces de comprender el dolor del “otro” podemos comenzar una relación, incluso alegre.

¿Cómo es que podemos generar empatía por medio del dolor y al mismo tiempo temer experimentarlo?

Es una paradoja interesante. Para mí el dolor es un sentimiento que nos complementa como personas. Negarlo equivale a menospreciar una parte del organismo, digamos los pulmones o el hígado. Es decir, no se puede.

¿La ficción es un recurso para mediar con sentimientos intensos como el miedo o el dolor?

Sin duda. No me interesaba publicar un ensayo acerca del dolor porque entonces me habría ocupado de demostrar algo. El lujo de la novela es que nos permite hablar de cuestiones muy complejas sin necesariamente tener que dar una respuesta. Una novela siempre será más interesante, por ejemplo, de todo lo que un escritor puede declarar a un periodista.

La novela está dedicada al niño que fue y al adulto que eres ahora. ¿Qué extrañas del niño que fuiste?

No extraño nada, aunque mi infancia está muy presente. Durante mi niñez tuve más miedos, pero gracias a ese periodo soy quien soy.

¿Qué de ese niño se manifiesta en el adulto que eres?

La escritura de novelas. Gracias a la niñez me invento historias y mantengo un amor por la vida indispensable para estar a flote.

AN

Staff de Notiissa.mx

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